Terabytes líquidos

Que los discos duros son una parte fundamental de la informática no lo duda nadie. Los años no dan tregua y es sorprendente como hemos pasado de tener discos enormes donde guardar unos pocos megas, a llevar tarjetas del tamaño de una uña con gigas y gigas. Han surgido, además, soluciones muy prácticas como la archiconocida “nube” que nos facilita el acceso a nuestra información en cualquier momento y lugar del planeta.
Sin embargo, tanto a nivel local, como la propia nube, tienen un punto en común, y es que el almacenamiento de datos se hace en discos duros (mejores o peores, pero con la misma tecnología de base). De hecho los centros de procesamientos datos no son más que una “colmena” de servidores y discos.
Hace unos años no eran un problema, pero desde hace un tiempo, los discos duros se han convertido en el cuello de botella de los ordenadores por culpa de su baja velocidad y es que salvo mejoras técnicas, no han evolucionado tan rápido como otros componentes. Con la aparición de los discos de estado sólido (SSD) se ha ayudado a minimizar este problema, aunque conviene seguir buscando alternativas tanto por capacidad, como por velocidad y consumo energético.
Algunos estudios confirman que almacenar información mediante tecnología holográfica puede ser una solución, pero llevamos oyendo hablar mucho tiempo de esto y parece que llevará más. Otras alternativas, aunque interesantes, pueden no ser viables a largo plazo.
Hoy nos llega una nueva variante: el almacenamiento en suspensiones coloidales. Un coloide es un sistema formado por dos o más fases: una continua, normalmente fluida, y otra dispersa en forma de partículas; por lo general sólidas. Un ejemplo serían, la espuma de la cerveza o el merengue. Una de sus propiedades es que tienen tendencia a formar coágulos.

Un equipo de investigadores de las Universidades de Michigan, Colorado, New York, y el Laboratorio Nacional Argonne han publicado un estudio donde teorizan que se podría almacenar información en una suspensión coloidal, ya que al calentar el líquido, las partículas se ordenan con un patrón predecible. La formación más básica, compuesta por cuatro partículas, tiene dos estados además de su forma en reposo, lo que permitiría su interpretación como un código binario o incluso ternario.

El estudio está en una fase muy temprana y los análisis de densidad indican que en una cucharada se podría almacenar un terabyte.
Veamos en qué queda todo esto, aunque quizá lo más importante no es quien tenga la mejor tecnología, sino, quien la consigue sacar antes.

Fuente: Royal Society of Chemistry

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